"François escudriña la roca buscando un paso. Se fue hace largo rato, y empezábamos a suponerle vencido cuando su silueta, grande como un monigote caído de un aerolito, surgió tras el lomo verticald de la montaña. Acogimos con ¡hurras! semejante aparición. Haciendo honor a su montuosa patria chica, Bernat ha encontrado el camino hacia el rey de los Picos de Europa. Nos reunimos con él rápidamente, y nos hace los honores de su hallazgo, al que amenazantes brumas nos había parecido que lo harían, si no imposible, al menos peligroso en esta hora tardía. Bien que mal, izados por la cuerda, remontamos estas escarpadas paredes. Nos limitamos a pisar la cima de la gran torre (2.642 m), y descendemos, primero por la cuerda y después a paso de carga..." Aymar d´Arlot de Saint-Saud.
"En lo más interno de los Urrieles, en la entraña del reino fabulosamente bello y fabulosamente fuerte de la Peña, se yergue la soberana grandeza de Cerredo, rey y techo de los Picos de Europa. Cerredo es la máxima y la más inmensa dimensión de Los Picos. Y si Peña Vieja es la cima que domina por los cielos de Liébana y el Llambrión culmina por los de Valdeón, Cerredo lo hace por todos los de Asturias y de la España Cantábrica, siendo el colosal gigante que preside la orografía entera que se sucede y desgrana desde el Pirineo al Finisterre.
"El alcanzar su atalaya, la gloria de sus alturas, es premio superior para el espíritu y los sentidos. Es meta de esforzada andadura, de subir y subir con dolores y fatigas, de salvar desniveles de más de los dos mil cuatrocientos metros, pero es de costo barato par los cuantiosos disfrutes que a cambio se reciben de la ingente montaña..." José Ramón Lueje.
Canal.
En ningún macizo montañoso de España podemos encontrar las abruptas diferencias que existen entre el mundo salvaje y atormentado de las grandes cimas y la serenidad de los valles y pequeños pueblos de montaña como en los Picos de Europa.
Las zonas de pequeños pueblos, pastizales y bosques desaparecen bruscamente al elevarse el terreno en una sucesión de canales que desembocan en un caos de jous y torres de caliza cuya aridez y desolación haría dudar a un observador poco avezado de la existencia de vida y al profano en montañismo de la intensa belleza que atesoran.
Entre todas las cimas sobresalen algunas que ya sean por su belleza o su dificultad han llamado siempre la atención de los montañeros. Tal es el caso de la Peña Santa de Castilla, cuya pirámide destaca de un modo absoluto sobre el macizo del Cornión, del Naranjo de Bulnes o Picu Urriello, lugar de nacimiento del alpinismo en España, o del Pico de los Cabrones por su belleza no exenta de aislamiento. Sobre este laberinto de cimas se eleva la cima del Torrecerredo (2.648m), cumbre de la que en principio el único dato objetivo que podemos aportar es que se trata de la más elevada de los picos de Europa y de toda la Cordillera Cantábrica.
El objetivo de este artículo es ofrecer una pequeña semblanza de la historia del Torrecerredo y dar a conocer esta cumbre emblemática, señera de nuestra agrupación, cuya trascendencia no se explica por el mero accidente de su altitud orográfica. Ofrecemos para ello una recopilación de artículos y reseñas que no pretende ser exhaustiva pero sí lo mas completa posible.
Ni en los escritos sobre viajes ni en la cartografía relativa a los Picos de Europa aparece impreso dato alguno concreto, reflejando la Torre de Cerredo, hasta que no se llega a mediados del siglo pasado.
La montaña y los pueblos situados en ella han permanecido aislados y casi desconocidos. Su poca importancia económica, por la falta de cultivos, ha contribuido a mantenerlos separados. Su conjunto era un destacado accidente geográfico visible pero no conocido.
Los hechos históricos que en su entorno se desarrollaron prueban que fue refugio para quienes la conocían, o sea para quienes la pisaban con la seguridad de perfectos conocedores de su intrincada orografía.
Guillermo Schulz, primer estudioso de los Picos de Europa.
Las descripciones iniciales de esta montaña nos llegan a través de los hombres de ciencia, bien sea de estudios geográficos o de mineralogía. El primer trabajo que de forma indirecta nos permite hablar sobre la Torre de Cerredo se debe al ingeniero de minas Guillermo Schulz (1.800-1.877). En 1.853 terminó las tareas de su mapa topográfico de la provincia de Oviedo, que fue publicado en 1.855, formado de orden de SM la reina Isabel II.
En este mapa señala algunos topónimos del macizo central de picos de Europa pero nos fijaremos únicamente en el despliegue que hace al S de la línea que destaca perfectamente: “puertos de Amuesa, Bulnes y Collado de Pandévano”. De E a O aparece. “Las moñas” con dos altitudes, una occidental de 2.630m, y otra oriental de 2.620 m; “Naranjo de Bulnes”, 2.380 m, y “los Urrieles”, 2.630 m.
Más adelante, en 1.858, sale a la luz su obra titulada “Atlas geológico y topográfico de Asturias”. En él inserta un dibujo panorámico, debido a su propia pluma, del macizo central visto desde la costa de Nueva (Llanes). Con el subtítulo “los Urrieles” aparecen las cumbres que cita así: “Moñas”, “Naranjo” y “Llambrión”.
El dibujo de Schulz tiene el aire estilizado que en aquella época se daba a las montañas, tal como se pude ver en muchos grabados de los Alpes, con apariencia inaccesible. En estos dibujos aflora la intencionalidad montañera del autor. La panorámica está hecha con el detalle aproximado que desde el mismo borde del mar puede apreciarse por Cuevas del Mar, en Nueva de Llanes. Cuanto se ve corresponde a la vertiente N. del macizo central. A la izda. aparecen “Moñas”, denominación que se daba a Peña Vieja, si bien por su situación podría tratarse de Peña Castil y a continuación aparece la estampa inconfundible del “Naranjo de Bulnes” ". Finalmente la cita del Llambrión; a éste se antepone, desde el punto de observación que se ha tomado, la Torre de Cerredo. El propio dibujante lo deja, bien a las claras, determinado por su acertado perfil.
Acerca de la confusión entre Torre de Cerredo y Torre del Llambrión no es fácil obtener una conclusión. Cabe el supuesto que, en sus consultas toponímicas, sólo encontrara interlocutores que en principio considerasen a los Urrieles como la máxima altitud o, en todo caso, como el conjunto de montañas más inaccesibles y supuestamente más altas, erguidas sobre el profundo corte de la Garganta del Cares. También que diera crédito a la opinión de las gentes de los valles interiores, que tenían al Llambrión como la cumbre más alta de la región, tal como se desprende de esta observación de Casiano de Prado. “El 12 de agosto de 1.856 subí a la Torre del Llambrión, nombre que se da al que de ellos era tenido por el más elevado en los pueblos a cuyo término pertenece, que son los de Valdeón, en la provincia de León”.
Cuando Schulz confecciono su panorámica, Casiano de Prado había realizado su ascensión al Llambrión, por lo que teniendo en cuenta la relación que debió existir entre estos eminentes ingenieros de minas, por sus contribuciones al mapa topográfico de España, no es de extrañar la inclusión de este topónimo.
Se viene a considerar a Schulz como el primer hombre de ciencia que descubre los Picos de Europa, en 1.844, cuando es comisionado a visitar los establecimientos mineros de Asturias, Galicia y Santander. En el trabajo que al efecto confecciona hace una clarísima alusión a estas montañas. La obra a que nos referimos fue publicada por Schulz en 1.845, el mismo año en que Casiano de Prado alcanzaba Peña Corada y contemplaba por primera vez los Picos de Europa, hecho que algunos tratadistas de montaña consideraron como el descubrimiento de los picos de Europa.
Dos personalidades montañeras, Pedro de Jusué y José Ramón Lueje, hacen una fervorosa defensa de Guillermo Schulz, el gran olvidado de la historia, el hombre sencillo y humano.
A Casiano de Prado (1.797-1.866) se le tiene por el primer montañero y geógrafo que ha pisado Picos de Europa; y centrando más la cuestión es quien se adelanta en hacer en aquellas intrincadas montañas una medición geodésica.
En el curso de su segunda expedición alcanza la Torre del Llambrión el 12 de Agosto de 1.856. Parte de Valdeón, por Liordes a trasponer Hoyos Engros y Hoyo Trasllambrión, para evitar la ruta que le parece más complicada, por las Torres de las Minas de carbón. Las notas de este viaje se publicaron en la Revista Minera de 15 de febrero de 1860. Aparece la cita de la Torre de Cerredo con motivo de la triangulación que hace desde el Llambrión, cuando dice:
“He aquí la altitud de los picos de Europa, según pude deducir de las observaciones en el punto de estación. La Torre de Llambrión 2.676 m, La Torre de Cerredo 2.678 m, a la distancia de 2.858 m.”
El mismo documento habla de otra observación importante relativa a los neveros de los picos de Europa, citando al respecto el que observara también, aunque de lejos, al N. de la torre de Cerredo. Es una incógnita pensar cómo Prado pudo ver el nevero del Jou Negru, al N. de la Torre de Cerredo. Pudiera suponérselo a la vista de datos que facilitara alguno de sus acompañantes, o bien que pudiera haberlo observado. En cualquier caso ha de apreciarse el hecho cierto de su conocimiento y la importancia singular que establece.
Prado reconoce su deseo de ascender a la cota más alta de los Picos de Europa: es decir, pensaba como un montañero corriente, ávido de alcanzar lo más alto. Así se expresa cuando dice: “en rigor no había subido a lo más alto, que era a lo que yo aspiraba, pero no por eso creía frustrada mi expedición”.
Volviendo al reconocimiento de Torre de Cerredo, es de destacar que desde siempre se le haya conocido tal denominación, transmitida de generación en generación. Esta tesis viene a ser confirmada por ciertos deslindes llevados a efecto entre Valdeón y Cabales en 1.890 en el tramo que comprende la alta cordillera entre Cuetos del Trave y Pico Tesorero, con la inclusión de la torre de Cerredo como destacado como divisoria de los dos citados términos.
También en el mapa de Asturias de Coello, publicado en 1.870, aparece: Torre de Cerredo con 9.439 pies. En este mapa las alturas son mucho menos precisas que las que había establecido Casiano de Prado catorce años antes.
Aymar d´Arlot de Saint-Saud, conquistador de la Torre de Cerredo.
En el año 1.892, el Conde de Saint-Saud hace su tercera campaña en Picos de Europa. El 29 de Julio, el grupo expedicionario alcanza el hoyo de los Boches, donde se establece el primer campamento conocido en Picos de Europa. Componen la expedición los siguientes: Conde de Saint-Saud, su amigo y compañero Paul Labrouche, el guía de Gavarnie François Bernat-Salles y los vecinos de Espinama Juan Suárez, Cayetano Rodríguez y Bernardo García.
Los dos últimos regresan el mismo día a Espinama y en la siguiente jornada dejan el campamento los cuatro que han pernoctado en él, para irse hacia la Torre de Cerredo. Paul Labrouche señala las incidencias más notables de la ascensión, como cuando llegan al collado inferior de Arenizas y no saben a dónde va a parar. Bernat-Salles reconoce el terreno y se da cuenta de que están en una pista falsa. Es de suponer que se encontraran sobre cualquiera de los pasos sobre la cresta de Arenizas que vierte al Hoyo Grande, porque cuando regresan al campamento de los Boches, se refiere así: “No hacemos más que tocar la cumbre para realizar el descenso encordados, después corriendo para volver a tomar el camino de la mañana que acortamos para evitar las cornisas de Arenizas”. Cabe pensar que estuvieran bastante desplazados a la izquierda, contra la propia Collada Labrada.
Campamento en el Hoyo de los Boches, 29 de Julio de 1.892.
Es probable que recorrieran la cresta para caer a la Horcada de Caín o Arenizas, desde la que pasan al Jou de Cerredo por la Horcada de Don Carlos. Bordean el Jou hasta situarse en la cota que Saint-Saud denomina Petit Cerredo, que Boada llama Torre Bermeja; esta última denominación es la que hoy se reconoce. Aquí debió detenerse bastante tiempo el grupo para que Saint-Saud pudiera hacer mediciones angulares y fotografías.
30 de Julio de 1.892. Cumbre de la Torre de Cerredo desde la Bermeja.
Mientras, Bernat-Salles había partido, solo, a reconocer el terreno. Después de un tiempo le ven surgir a la cresta; había encontrado el camino. Dice Labrouche que la ascensión la hicieron por el único punto donde la montaña era vulnerable, por el NE, pues todos los otros flancos eran precipicios. Tampoco debieron seguir el camino utilizado hoy normalmente por la diagonal de la S., puesto que alcanzaron la cresta en las proximidades del Risco de Saint-Saud. Como puede apreciarse en el plano, fija una horcada al NE. De la Torre de Cerredo, más próxima a ésta que la Torre de Labrouche, por lo que para ello hubo de comprobar la viabilidad del paso. Aunque menos frecuente, esta vía sigue siendo utilizada. Labrouche hace también alusión al glaciar observado por Prado en 1.856: “tapiza uno de sus flancos”; Del otro está pegado sobre la pared oriental de un pico vecino, llamado además Pico del Neverón.
La cita del glaciar se refiere al nevero del Jou Negru, que se alza contra los paredones de la pared N de la Torre de Cerredo. La indicación del Pico Neverón en este caso parece errónea, pues debía referirse al Pico de los Cabrones, contra el que se extiende el nevero del Jou Negru.
Dice Labrouche que en la cumbre sólo se detuvieron “nada más que para tocarla”, debería ser bastante tarde. De regreso a los Boches se les echa encima la noche, se pierden en la niebla y después de muchas vueltas se dan con la tienda. El 31 de Julio de 1.892 levantan el campamento para trasladarlo al pie del Hoyo Trasllambrión. Al día siguiente hacen la segunda ascensión de la Torre del Llambrión.