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En 1960, Rafael Rodríguez
Urrusti, deja la Fábrica de Armas de Oviedo después
de veinte años de oficio como maestro ajustador, para emprender
una nueva vida profesional por su cuenta. En esos primeros años
con un taller de medianas dimensiones y un puñado de obreros,
realizó grandes trabajos de cerrajería artística,
como el cierre de la finca que hoy en día alberga al Museo
de Bellas Artes de Asturias, entre otros. Pero la mente inquieta
y creadora del Maestro Artesano le llevó a él y a
su hijo Antonio, que por aquel entonces ya trabajaba en el taller,
a desarrollar una pequeña colección de animales hechos
con trozos de hierro, la aceptación de aquella colección
fue tan grande que poco tiempo después la Caja de Ahorros
de Asturias, les encargaría su primera gran obra artística,
un mural para sus oficinas principales en la capital del principado.
Después llegaron las primeras
exposiciones fuera de Asturias (Vigo, Lugo, la Coruña, Santander,
Madrid…), todas ellas con gran aceptación por parte del público,
lo que significó el punto de partida para lo que sería
su quehacer en adelante.
Gracias al Centro Asturiano de
Oviedo y a su hermandad con los C.C.A.A. del resto del mundo las
obras salidas del taller de Urrusti son conocidas en buena parte
del planeta, dado que en todos los locales sociales de esta asociación,
que existe allá donde se encuentre una colonia asturiana,
hay al menos una de las piezas del férreo escultor. Una de
las más importantes está colocada en la sede del Centro
Asturiano de Buenos Aires, se trata de la mítica figura del
caudillo Pelayo reproducida a tamaño natural. Lo que propició
la apertura de nuevos mercados internacionales donde están,
en colecciones privadas, parte de las obras del taller de Urrusti.
También existen obras suyas
en países europeos, (Portugal, Holanda, Alemania) así
como también en Estados Unidos y Brasil.
No obstante la mayor parte del
trabajo surge localmente en su ciudad natal, Oviedo, de la que nunca
quiso salir nada mas que para acudir a realizar alguna obra o asistir
a alguna de sus exposiciones. Ahora su ciudad le recuerda con cariño
otorgando a una de sus calles su nombre.
Rafael fallece en octubre de 2000
debido a un infarto de miocardio, creó hasta el mismo día
de su ingreso en el hospital, cumpliendo así su frase, ”Sin
trabajo no hay vida y yo moriré trabajando” tenia setenta
y ocho años de edad.
Sin embargo no iba a dejar
huérfano al mundo de la creación ya que formó
en el gusto por el arte y el dominio del hierro a su hijo Antonio
y su nieto Kiko que continúan el buen hacer del maestro como
así lo demuestra el éxito de la última exposición
celebrada a finales del año 2002 en el bello marco del ágora
del Centro de Ocio Panoramis sito en el puerto deportivo de la ciudad
de Alicante que se prolongó durante 90 días y fue
visitada por unas 25.000 personas, en esta muestra se incluían
obras de las tres generaciones de la familia Urrusti, ( R.T.K. URRUSTI).
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